Rindo culto a esas personas,
de porte decidido y contundente,
tan pródigas en abanderarse
con rotunda y elevada certeza.
Esas que se mantienen en el tiempo,
insustanciales, escasas y ligeras,
olvidando su redundante fervor
con descarada presteza.
Baladíes que rectifican con apremio sin consecuencia.
¡Cómo me embelesa su verborrea!
¡Cuánto me persuade su jerigonza!
Mi fe poética se desborda con ellos
mudando mi severa corteza escéptica
a una devoción irrefutable a su firmeza.
Pueriles, son y serán,
sus aglutinadas estrategias.
Precisan complacer a todos
como costureros de la cautela,
ofreciendo raquíticas promesas
que nadie suplica o espera.
Son desmedidos oradores
que adulan con fariseo sostén
esos actos donde su amparo real,
verdaderamente necesario,
nunca se aprecia.
Genuina amistad de audios de Whatsapp.